¿Un juego proveniente de un estudio español? ¿Una aventura que combina una estética ochentera con el estilo cyberpunk? ¿Unas mecánicas kinéticamente potentes y unas animaciones de 10? Joder, es que Narita Boy lo clava (pun totally intended) en muchos puntos. Sin duda, su mayor atractivo es el apartado visual: la estética retrofuturista, que lleva los 80 incluso al modo de juego con tele de cubo (por cierto, una de las mejores implementaciones que he visto jamás), viene cargada de creatividad, mundos apasionantes y una paleta de colores preciosa. Es una lástima que la historia y las mecánicas se queden algo atrás de su excelencia visual, pero Narita Boy tiene una última baza para pegar el conjunto: una banda sonora deliciosamente synthwave que captura esa estética ochentera y se rinde a la nostalgia de un pasado que creía en un futuro lleno de cables y colores chillones.
Si bien he comentado que toda la parte audiovisual es la baza más fuerte del juego, mentiría si considerase las mecánicas como algo muy inferior. Mi mayor problema al respecto se resume en que, vista una sección del juego, vistas todas. De nuevo, la estética ayuda a paliar con el ligero tedio que supone repetir la misma estructura de puzles y backtracking, pero tampoco puedo negar que resulta todo demasiado lineal, demasiado organizado para un mundo que parece tan amplio y lleno de conceptos. En el combate, esto se resuelve un poco más. A mí, por lo menos, no se me ha hecho repetitivo, sino más bien progresivamente más interesante. La obtención de nuevas habilidades permiten enfrentarse a las situaciones de formas distintas y, hacia el final, es fácil sentirse un dios con la fluidez que presentan los movimientos encadenados. Algunos poderes, como las invocaciones, sí que me han resultado innecesarias; por suerte, esa mecánica de llamas para arriesgar suerte y habilidad en el combate suple esta carencia de utilidad en el campo de batalla. También tengo mis problemas con la escopeta: si bien es un arma muy útil y su implementación es genial, los tiempos de ataque y recuperación rompen bastante el momentum del combate y hacen que se pierda ese componente que permite venirse arriba destrozando enemigos a troche y moche. Comprendo la razón cuando pienso en lo poderosa que resulta como arma ofensiva, pero creo que se podría haber equilibrado un poco mejor.
Más allá de la parte mecánica, que es un poco hit or miss, pero siempre se acerca al acierto gracias a las geniales animaciones y el molarismo general, el argumento tampoco me ha parecido nada del otro mundo. Termina siendo realmente bonito y va cambiando poco a poco la percepción que se tiene sobre las acciones en el mundo real, un punto siempre positivo a la hora de enfrentarse a semejante fantasía de poder. Por ello, los recuerdos del Creador son un soplo de aire fresco que, aun sin estar demasiado desarrollados, permiten tanto descansar de la aventura como enfrentarse a un trasfondo trágico que va cohesionando el argumento general. El final, todo sea dicho, es hype puro y me hace preguntarme en qué demonios está pensando el estudio. Sinceramente, no tengo ni idea, pero estoy muy a bordo de una secuela que cambie de género. Ya han demostrado una originalidad y un saber hacer fabulosos, así que solo espero que me sorprendan en el futuro.
Puntos extra a algunas ideas de diseño que me fascinan: la variedad de enemigos y la forma en que se van "desbloqueando" es bestial, el misticismo y la jerga informática crean un ambiente despampanante, y la forma de representar la vida de los jefes es bastante creativa. Respecto a esto último, creo que se queda en un intento porque cuesta de captar y no termina de aclararse del todo, pero aun así quiero darle el beneficio de ser relativamente funcional y una idea excelente para reforzar ese estilo tan propio.
Vamos, que Narita Boy tiene sus más y sus menos, siendo el representante de lo primero la estética ochentera retrofuturista lograda mediante lo audiovisual y de lo segundo, algunos elementos de la historia algo forzados y unas mecánicas que se ven obligadas a seguir este estilo backtracking. Sin embargo, me cuesta muy poco perdonar sus puntos más bajos porque la experiencia, en suma, es una auténtica maravilla. Recomendadísimo para pasar unas buenas horas en el Mundo Digital y disfrutar de un viaje nostálgico que, antes que quedarse en un par de referencias a Tron, resulta ser una obra propia con un estilazo que ya muchos juegos querrían tener.