Minoria es un juego confuso: a pesar de venir de la mano de los desarrolladores de Momodora: Reverie Under the Moonlight, un señor juegazo sin nada que envidiar a los mejores juegos independientes de la última década, se queda corto en sus ideas y parece diseñado de forma apresurada.
Esta obra sigue el estilo metroidvania del estudio y, por fortuna, esa parte sigue siendo excelente. Aun si me habría gustado volver atrás en más ocasiones, los de Bombservice son unos genios del diseño de niveles y no tengo nada en contra de ese apartado. Del mismo modo, los enemigos son imaginativos y la sensación de juego es brutal; esto último es, sin duda, lo mejor que tiene para ofrecer Minoria. No solo son unas mecánicas pulidas y satisfactorias, sino también un repertorio digno y una forma de combinar elementos muy interesante. Habría agradecido más atención al detalle y que hubiese más estilos de juego, pero reconozco que la sensación en combate y exploración es excelente.
El problema es el diseño gráfico y la historia. En el primer punto, no es que sea un juego feo, pero viene de una iteración del estudio anterior con un pixel art perfecto y muy característico. A Minoria le falta personalidad, fuerza y gancho. No llama la atención ni sorprende en su diseño, por mucho que se esfuerce en ocasiones. Del mismo modo, los jefes están muy poco inspirados (aun si sus mecánicas son interesantes) y los propios enemigos pecan de ser muy similares entre sí aun si el concept art muestra lo contrario. El paso al 3D no ha sido catastrófico y es un paso adelante para el futuro del estudio, pero el resultado es dispar.
En el segundo punto, la historia, tan solo hay un ligero problemilla: apenas existe. Es una historia muy poco pensada que, aunque tiene elementos muy interesantes respecto a su mundo y siga con los temas religiosos del estudio, no parece avanzar y termina de forma anticlimática no tanto por su tensión narrativa como por su poca presencia. Los juegos de Bombservice nunca han tenido una gran historia porque sus mecánicas son la base, pero he echado de menos esos giros de guion con la villana del segundo Momodora o la historia continua y muy bien llevada de la cuarta entrega. Si se hubiese explotado más, estoy seguro de que habría salido un mejor producto.
En general, Minoria no es ni por asomo un mal juego. Es entretenido, es diversión pura y me lo he pasado en dos sesiones de juego al 100 % simplemente por gusto. Tras unas seis horas y media jugadas, puedo decir que el producto final es realmente disfrutable y es imposible pasar un mal rato con él, pero está claro que es un paso atrás desde la última entrega. Tan solo espero que este salto al 3D sirva para que Bombservice pula sus mecánicas, diseño e historia para la siguiente entrega. El estudio tiene potencial y su gente es realmente talentosa; solo espero lo mejor de su próximo juego.
7/10